Recientemente descubrí en la red una enciclopedia de mujeres, muchas de las cuales han sido olvidadas injustamente por la mayoría de los historiadores.
Hay una excepción: en su libro de 1690, Historia de mujeres filósofas, el
académico francés Gilles Menage escribió acerca de Diotima la Socrática,
Areté la Cirenaica, Nicarete la Megariana, Hiparquia la Cínica, Teodora la
Peripatética, Leontia la Epicúrea y Temistóclea la Pitagoraniana, acerca de
quienes conocemos muy poco. Y lo correcto es que muchas de estas mujeres
deban ser rescatadas del olvido.
No obstante, lo que realmente falta es una enciclopedia de esposas.
Frecuentemente se dice que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer,
desde el emperador bizantino Justiniano y su esposa Teodora (la ex actriz)
hasta Barack y Michelle Obama. Es curioso que nunca se diga lo opuesto:
no hablamos acerca del “hombre detrás” de la gran Isabel I de Inglaterra, por
ejemplo, o de su contemporáneo compañero viudo, de largo reinado. Pero
pocas veces, si es que alguna, las esposas reciben la atención que merecen.
En las historias de la antigüedad clásica y posteriormente, se dedica más
espacio a las amantes que a las esposas. Clara Schumann y Alma Mahler, que
estuvieron casadas con los compositores Robert Schumann y Gustav Mahler,
son excepciones, pero estas mujeres causaron gran revuelo por sus amoríos
extra y postmaritales. Básicamente, la única mujer que siempre es mencionada
simplemente por ser una esposa es Xantipe, casada con Sócrates —y aún en
ese caso, sólo para decir cosas malas de ella—.
Leí recientemente un texto de Pitigrilli, escritor italiano del siglo XX, quien
atiborraba sus relatos con citas eruditas —aunque frecuentemente equivocaba
los nombres— y con anécdotas que encontraba quién sabe dónde. En
determinado punto, Pitigrilli invoca la severa advertencia de San Pablo: “Melius
nubere quam uri” o “Preferible casarse que arder con gran deseo” —un buen
consejo, incidentalmente, para los curas católicos romanos—. Pitigrilli observa también que la mayoría de los grandes, incluyendo a Platón, Lucrecio, Virgilio y
Horacio, eran solteros. Pero eso no es completamente cierto.
Puede ser verdad con Platón, quien, según Diógenes Laertius, escribía
epigramas para hombres jóvenes muy apuestos. Por otra parte, Platón aceptó
como alumnos a dos mujeres, Lastenia y Axiotea, y se asegura que había
comentado que un hombre virtuoso debería casarse. Quizá era cauteloso por el
infeliz matrimonio de Sócrates con Xantipe.
El famoso alumno de Platón, Aristóteles, casó con Pithias, y después de su
muerte se unió a quien fue su esposa o su concubina, Herpyllis. En todo caso,
Aristóteles vivió con ella como hombre y esposa, y la recordó con afecto en
su testamento. Le dio un hijo, Nicomaco, por quien, en opinión de algunos
historiadores, Aristóteles nombró su Ética Nicomáquea”.
Horacio no tuvo esposas ni hijos, pero a juzgar por sus escritos, sospecho que
se permitió algunas aventuras románticas. En cuanto a Virgilio, parece haber
sido demasiado tímido para declararse a una mujer, aunque se rumora que
tuvo una relación con la esposa de Varius Rufus. Ovidio, en contraste, se casó
tres veces.
En cuanto a Lucrecio, las fuentes antiguas nos dicen casi nada. Una breve
mención en un escrito de San Jerome pretende hacernos creer que Lucrecio
se suicidó porque una poción de amor lo volvió loco —aunque el santo tenía
interés en que un ateo como Lucrecio fuera considerado demente—. Sobre la
base de esa versión, otros adornaron el relato, añadiendo la misteriosa Lucilla,
que puede haber sido la esposa o amante de Lucrecio. En esta versión ella era
una mujer enamorada que pidió a una bruja que le elaborara la poción, en tanto
que otros aseguran que el mismo Lucrecio elaboró el brebaje; en cualquier
caso, Lucilla no sale muy favorecida. Esto es, a menos que Julius Pomponius
Laetus, humanista italiano del siglo XV, estuviera en lo correcto al decir que
Lucrecio se suicidó porque estaba enamorado de alguien más y era infeliz.
Siglos después, Dante soñó acerca de Beatriz pero se casó con Gemma
Donati —aunque nunca mencionó a esta última en sus escritos—. Todos
piensan que Descartes era soltero, ya que murió muy joven después de una
vida sumamente pintoresca. Pero sí tuvo una compañera durante algunos
años —una doncella llamada Helena Jans van der Strom, a la que conoció
en Holanda—. Oficialmente sólo reconocía a Helena como sirviente. Pero,
contrario a ciertos rumores difamatorios, él reconoció a la hija que ella le
dio, Francine, quien murió a los cinco años de edad. Según algunas fuentes,
Descartes también tuvo otros amoríos.
En pocas palabras, aparte de los religiosos, que supuestamente eran célibes, y
hombres más o menos abiertamente homosexuales como Cyrano de Bergerac
y Ludwig Josef Johann Wittgenstein, Immanuel Kant es sólo uno de los
grandes pensadores de la historia de quien estamos verdaderamente seguros
de que era soltero —los registros históricos son muy claros al respecto—.
Sorprendentemente, incluso Georg Wilhelm Friedrich Hegel estaba casado; de
hecho, parece haber sido un tanto mujeriego, con un hijo ilegítimo. Y Karl Marx,
quien estaba profundamente apegado a su esposa, Jenny von Westphalen.
Sin embargo, la tendencia persiste: ¿qué influencia tuvieron Gemma sobre
Dante, o Helena sobre Descartes, para no mencionar el enorme número de
esposas sobre las cuales la historia dice aún menos? ¿Y si todas las obras de
Aristóteles en realidad fueron escritas por Herpyllis? Nunca lo sabremos. La
historia, escrita por esposos, ha condenado a las esposas al anonimato.
martes, 5 de octubre de 2010
Una historia de mujeres olvidadas Por: Umberto Eco
martes, 17 de noviembre de 2009
Inquita y Trina "Mi nota mayor"
miércoles, 30 de septiembre de 2009
En un Hotel de Constitución
Y aquí estoy entre estas cuatro húmedas y desangradas paredes, todavía conservo ese olor a papa y tomate en mi camisa; hace 3 meses escape de Colombia y llevo un mes buscando a ese tal Rubén Roca que ni sé quién es pero no doy con su paradero.
Este cuarto huele a neumático y azufre, las putas del fondo del pasillo no me dejan en paz. Hoy encontré una metida en mi cuarto, fumando como una cerda e insinuándose... me toco sacarla a patadas, les tengo asco... Verla ahí postrada fue como volver a esa navidad cuando tenía 9 años, al fondo sonaba "Faltan Cinco pa' las doce" y todos los vecinos de la cuadra se encontraban afuera tomando aguardiente y comiendo fritanga. Las cabezas de los marranos colgaban de los arboles, les ponían cigarrillos en la boca, pañoletas o lentes de sol, era una tradición Paisa. Yo estaba sentado en el andén, tenía mi propio andén, frente a mi casa antes de cruzar la calle, me sentaba justo al lado de una grieta y al lado del guayacán, de día jugaba con un autito de madera que me hizo el abuelo; ahora solo estaba mirando a las vecinas regordetas tirando mas carne y chicharrón al aceite y también vi como mi papa se escabullía en casa con una de esas viejas. Lo seguí hasta mi cuarto y lo encontré cogiéndose a esa marrana que gemía como loca en mi cama, el ruido de las tablas que lloraban por la agitación nunca pude olvidarlo, yo miraba por el rabillo de la puerta; era la misma expresión que tenia la puta que acababa de sacar mi cuarto. Corrí a contarle a mama que se encontraba afuera sentada con el párroco, ella me aparto de la gente me dio un cachetazo que tampoco se me olvida y me dijo:
—En tu vida Marco contaras lo que paso, si no yo misma te jalare las patas cuando estés dormido— después se marcho como si no le importara nada, en realidad si le importaba pero pasa que ella ya lo sabía pero como papa le pegaba, no podía hacer nada... solo se desquitaba conmigo por ser el del medio y de vez en cuando con el perro.
Esa noche de diciembre no dormí en la cama, agarre unas sabanas y me encerré en el armario que era gigante, allí tenia instalada mi guarida. Esta noche solo volteare el colchón me fumare un cigarrillo y tratare de dormir. Mañana saldré de vuelta a buscar a Roca.
-Mariano Gálvez
Este cuarto huele a neumático y azufre, las putas del fondo del pasillo no me dejan en paz. Hoy encontré una metida en mi cuarto, fumando como una cerda e insinuándose... me toco sacarla a patadas, les tengo asco... Verla ahí postrada fue como volver a esa navidad cuando tenía 9 años, al fondo sonaba "Faltan Cinco pa' las doce" y todos los vecinos de la cuadra se encontraban afuera tomando aguardiente y comiendo fritanga. Las cabezas de los marranos colgaban de los arboles, les ponían cigarrillos en la boca, pañoletas o lentes de sol, era una tradición Paisa. Yo estaba sentado en el andén, tenía mi propio andén, frente a mi casa antes de cruzar la calle, me sentaba justo al lado de una grieta y al lado del guayacán, de día jugaba con un autito de madera que me hizo el abuelo; ahora solo estaba mirando a las vecinas regordetas tirando mas carne y chicharrón al aceite y también vi como mi papa se escabullía en casa con una de esas viejas. Lo seguí hasta mi cuarto y lo encontré cogiéndose a esa marrana que gemía como loca en mi cama, el ruido de las tablas que lloraban por la agitación nunca pude olvidarlo, yo miraba por el rabillo de la puerta; era la misma expresión que tenia la puta que acababa de sacar mi cuarto. Corrí a contarle a mama que se encontraba afuera sentada con el párroco, ella me aparto de la gente me dio un cachetazo que tampoco se me olvida y me dijo:
—En tu vida Marco contaras lo que paso, si no yo misma te jalare las patas cuando estés dormido— después se marcho como si no le importara nada, en realidad si le importaba pero pasa que ella ya lo sabía pero como papa le pegaba, no podía hacer nada... solo se desquitaba conmigo por ser el del medio y de vez en cuando con el perro.
Esa noche de diciembre no dormí en la cama, agarre unas sabanas y me encerré en el armario que era gigante, allí tenia instalada mi guarida. Esta noche solo volteare el colchón me fumare un cigarrillo y tratare de dormir. Mañana saldré de vuelta a buscar a Roca.
-Mariano Gálvez
martes, 11 de agosto de 2009
Al chino con Laura

Laura me acompaño hoy al chino, íbamos a comprar algo para la merienda, Laura con su increíble genio acompañado de sus insaciables ganas de que la gente coma, tenia una brillante idea.
Pero el chino no estaba colaborando con los ingredientes, necesitábamos un Tholem 4 quesos y lo más parecido que encontramos fue un queso Untable Port Salut, el resto de los quesos eran de poca monta, Laura farfullaba improperios contra los orientales y a su vez me repetía que revisara las fechas de vencimiento de los alimentos asegurando que los desgraciados estos ponían de primeros los alimentos vencidos para que uno se los lleve.
Leche, pan, queso, un postresito y a los ¡¡Fiambres!!. Estábamos embelesados frente al espectáculo que representaba ver caer las fetas de jamón crudo sobre el plástico borroso y ver como se enroscaban entre ellos como olas.
Llegamos a casa, hornillas funcionando, agua calentándose, olor a tostada y sobre el plato gris como vereda, se erigía un Empire State de tonos marrones. Laura hizo un ¡¡¡Clack!!! con sus dedos y los platos mágicamente se elevaron y se fueron volando solos hacia la mesa, todo se estaba acomodando a sus ordenes.
Tome el cuchillo y penetre la perfecta armonía del queso untable recién abierto, después lleve ese iceberg extraído sobre la tostada y lo desparrame por toda su superficie cubriéndola totalmente, fui tomando los pedacitos de jamón crudo que se iban desprendiendo del tumor principal como Laura me había advertido y los fui pegando como un álbum de estampitas sobre la tostada, después media feta de queso sepultando el jamón, un dobles a la mitad y directamente remojar en el café para engullir sin escrúpulos. Mis papilas gustativas primero sintieron el sabor del café que se escurria del pan, después mis incisivos quebraron la estructura molecular de la tostada y empiezo a masticar, puedo sentir la mezcla de quesos y el salado del jamón que se conjugan perfectamente, y estallo de placer con esa fiesta de gustos en mi boca. Laura esta realizando en silencio el mismo ritual y comemos felices en la distancia. Repito una y otra vez el ritual para quedar jadeante tendido en el sofa y ver una peli.
LAURA AMO TUS GANAS DE QUE LA GENTE COMA, TUS RECETAS, TUS INSULTOS, TU ODIO, TU AMOR TUS MIMOS, TE AMO DESGRACIADAAA!!
martes, 4 de agosto de 2009
Recaída
Un encuentro inesperado, una alegría que me quema por dentro. Si antes había dicho que la había superado mentí, ardo por dentro cuando la veo, fuera de eso me saluda y me halaga, y me enamoro más con cada silaba que pronuncia.
Por un momento fue como si antes no hubiera pasado nada, inclusive casi sentí que se me lanzaba. Pero ella decidió retener como lo hizo antes. El pelo desordenado, sus ojos siempre delineados, su baja estatura y su piel canela me revuelcan mis hormonas y descontrolan mi corazón.
No entiendo que es lo que pasa, ella rehuye mi mirada, tiene miedo a entregarse, sabe muy bien que es lo que pasa entre nosotros. Yo se que ella también arde por dentro… pero tiene miedo y yo me enamoro cada vez mas de ese miedo.
Nuestros ojos frente a frente nos delatan por eso evitamos mirarnos en publico. Pero ella me mira en secreto, como yo a ella, yo lo se, yo lo vi. y si no es así culpare al vino por ilusionarme.
Cuando te vea nuevamente, no voy a poder aguantarme mas… será lo que fue, o lo que nunca será.
Por un momento fue como si antes no hubiera pasado nada, inclusive casi sentí que se me lanzaba. Pero ella decidió retener como lo hizo antes. El pelo desordenado, sus ojos siempre delineados, su baja estatura y su piel canela me revuelcan mis hormonas y descontrolan mi corazón.
No entiendo que es lo que pasa, ella rehuye mi mirada, tiene miedo a entregarse, sabe muy bien que es lo que pasa entre nosotros. Yo se que ella también arde por dentro… pero tiene miedo y yo me enamoro cada vez mas de ese miedo.
Nuestros ojos frente a frente nos delatan por eso evitamos mirarnos en publico. Pero ella me mira en secreto, como yo a ella, yo lo se, yo lo vi. y si no es así culpare al vino por ilusionarme.
Cuando te vea nuevamente, no voy a poder aguantarme mas… será lo que fue, o lo que nunca será.
lunes, 27 de julio de 2009
El profe Cárdenas
Las cuadras que devienen desde la avenida Pueyrredón por Bartolomé Mitre y que atraviesan once hicieron que seguir leyendo fuera imposible. Los baches, la imperfecta pavimentación y el vaivén del colectivo me resentían los ojos y sentía el temor que de pronto mi retina se iba derretir y derramar sobre las páginas del libro que llevo en mis manos.
Por cierto, menos mal que saque aquel libro; “Nueve Cuentos” de J.D. Salinger, lo tengo desde que pase por el depto de Marianita Barragán y que no he devuelto por olvido. Gracias a él pude aprovechar el tiempo que una larguísima fila en el cine quería arrebatarme.
Siento un profundo amor hacia la lectura, y cada vez noto que crece dentro de mis necesidades. Me siento como el hijo “nerd” de C.R.A.Z.Y. que no puede parar de leer; leo los ingredientes de lo que como, la información nutricional, todo aviso que vea en el subte, revistas, horóscopos viejos, diarios pasados, no puedo evitarlo, siento que si no leyera estaría arrebatándome la oportunidad de aprender algo… así sea pura mierda.
Bueno, pero volviendo al 151 que me llevaba de vuelta a casa después de ver Harry Potter 6 —y darme cuenta que el “Half-blood prince” era nada más y nada menos que “Canon Severus Snape” ( Nunca me lo espere)— y en vista de que el continuo vaivén no cesaba y me impedía seguir leyendo, empecé entonces a pensar en esto que escribo ahora… en un momento el recuerdo del entonces maestro y ahora amigo Cristian Cárdenas se apodero de mi. Esas eternas clases de literatura que recibíamos a los 14 años en el Liceo Campestre, y que de un momento a otro transformaron el repudio que le tenía a esa cátedra por una intensa curiosidad que saciaba cuando él con escasos 26 años bonachonamente entraba al aula y con su particular “pedagogía” me iluminaba el cerebro y no tanto el de algunos de mis otros compañeros quienes prendían su atención en otras actividades no tan académicas. Sus frases celebres como “Bruta la cartera”, “Yo quiero morir leyendo”, “me tome un molotov y la mande a la mierda” y “tengo libros hasta en el baño” me arrebataban en ese entonces una carcajada, ahora en cambio siento una gran admiración; yo ahora entiendo que cuando mis compañeros de clase me decían —Burralá (osea yo) pregúntele pues, pregúntele bobadas— yo saciaba mi curiosidad preguntándole sobre historia del arte, filosofía, política y otra gran cantidad de cátedras y quedaba embelesado al ver que contestaba a la perfección y se extendía lo que fuera necesario. Mientras tanto mis amigos aprovechaban el tiempo perdido de clase y jugaban a las cartas, dormían en el suelo o se escabullían de la clase para jugar futbol. Le saque un provecho enorme a sus clases, lamentablemente el colegio era una perdición, él recibió una mejor oferta y no vacilo en tomarla.
Pero el destino nos volvería a encontrar cuando a una semana de partir hacia Buenos Aires, en una tangueria llamada “El Cuartito Azul”, mis padres se encontraron con él y llamándome al celular me comentaron que el estaría gustoso de hablar conmigo. Así pues después de 5 años volví a verlo, esta vez yo era otra persona por así decirlo, había tenido un par de experiencias en Bogotá que cambiaron mi forma de pensar y de ver el mundo. Al entrar a saludarlo vacilé un poco, busque la manera más formal de presentarme; pero el desprovisto de formalismos me dio un amable saludo me brindo un trago y se dio el gusto de revolcar su memoria y acordarse que yo era su mejor alumno o por lo menos el que tenía un grado de conciencia e interés más definido que el resto —esto me alago pero me hizo sentir avergonzado puesto que soy bastante modesto— hablamos muchísimo bebimos su “Brandy bendito”, él en su lucida ebriedad se regocijaba al escucharme hablar de cosas que a lo mejor a mi no me parecían tan brillantes en mi manera de pensar y de expresarme, pero que para él como docente era lo que más le gustaba ver en sus alumnos y no lo encontraba mucho. La pasión.
Terminamos esa noche en el bar de “Charrejo” un lugar que me maravillo por su sencillez y su falta de decoro, que a su vez enaltecía su valor estético para mi gusto. Era un bar de poetas me comentaba Cristian, de intelectuales, poco concurrido; seguimos con el brandy y hablando de la cultura Cartagueña. Me presentaron “La Cantarrana” un diario de poetas que salía quincenalmente y que para mí siempre fue desconocido, no pude evitar mi sorpresa y admiración para con ellos. Charrejo entonces me regalo un libro de poesía, específicamente Haiku que es una forma tradicional de poesía Japonesa, pero que para mi sorpresa escribía Fernando López Rodríguez un profesor de un colegio público, el Nacional Académico y que había sido reconocido a nivel internacional yo seguía ignorante del talento que iba conociendo en mi pueblo. Termino la noche con este bello recuerdo. Leí los poemas al siguiente día en treinta minutos. Había quedado pendiente una cita con el profesor Cárdenas. Pues quería que pasara por su casa a retirar un libro de su biblioteca, el me recibió informalmente en pantaloneta y sandalias, con un trago en la mano me dijo “agarre lo que quiera mijo”. Después de meditar mucho agarre las tragedias de Eurípides el sonrió y me escribió una cita de la cual no recordaba su autor. “Juan Manuel el arte nos evita morir de realidad, este es un detalle de mi profundo cariño” y así partí a mi casa al otro viajaba a Buenos Aires… Pero volviendo al colectivo a más de 1 año del encuentro con el prof, como saliendo de una ensoñación que me había poseído me acababa de percatar que me había pasado 2 paradas.
¡¡Puta!! Refunfuñe, pero me calme al instante y pensé que todo esto fue un lindo recuerdo y decidí estuviera escrito en algún lugar.
Ahora pensándolo bien, me parece que yo también quisiera morir leyendo como dice el profe Cárdenas.
Por cierto, menos mal que saque aquel libro; “Nueve Cuentos” de J.D. Salinger, lo tengo desde que pase por el depto de Marianita Barragán y que no he devuelto por olvido. Gracias a él pude aprovechar el tiempo que una larguísima fila en el cine quería arrebatarme.
Siento un profundo amor hacia la lectura, y cada vez noto que crece dentro de mis necesidades. Me siento como el hijo “nerd” de C.R.A.Z.Y. que no puede parar de leer; leo los ingredientes de lo que como, la información nutricional, todo aviso que vea en el subte, revistas, horóscopos viejos, diarios pasados, no puedo evitarlo, siento que si no leyera estaría arrebatándome la oportunidad de aprender algo… así sea pura mierda.
Bueno, pero volviendo al 151 que me llevaba de vuelta a casa después de ver Harry Potter 6 —y darme cuenta que el “Half-blood prince” era nada más y nada menos que “Canon Severus Snape” ( Nunca me lo espere)— y en vista de que el continuo vaivén no cesaba y me impedía seguir leyendo, empecé entonces a pensar en esto que escribo ahora… en un momento el recuerdo del entonces maestro y ahora amigo Cristian Cárdenas se apodero de mi. Esas eternas clases de literatura que recibíamos a los 14 años en el Liceo Campestre, y que de un momento a otro transformaron el repudio que le tenía a esa cátedra por una intensa curiosidad que saciaba cuando él con escasos 26 años bonachonamente entraba al aula y con su particular “pedagogía” me iluminaba el cerebro y no tanto el de algunos de mis otros compañeros quienes prendían su atención en otras actividades no tan académicas. Sus frases celebres como “Bruta la cartera”, “Yo quiero morir leyendo”, “me tome un molotov y la mande a la mierda” y “tengo libros hasta en el baño” me arrebataban en ese entonces una carcajada, ahora en cambio siento una gran admiración; yo ahora entiendo que cuando mis compañeros de clase me decían —Burralá (osea yo) pregúntele pues, pregúntele bobadas— yo saciaba mi curiosidad preguntándole sobre historia del arte, filosofía, política y otra gran cantidad de cátedras y quedaba embelesado al ver que contestaba a la perfección y se extendía lo que fuera necesario. Mientras tanto mis amigos aprovechaban el tiempo perdido de clase y jugaban a las cartas, dormían en el suelo o se escabullían de la clase para jugar futbol. Le saque un provecho enorme a sus clases, lamentablemente el colegio era una perdición, él recibió una mejor oferta y no vacilo en tomarla.
Pero el destino nos volvería a encontrar cuando a una semana de partir hacia Buenos Aires, en una tangueria llamada “El Cuartito Azul”, mis padres se encontraron con él y llamándome al celular me comentaron que el estaría gustoso de hablar conmigo. Así pues después de 5 años volví a verlo, esta vez yo era otra persona por así decirlo, había tenido un par de experiencias en Bogotá que cambiaron mi forma de pensar y de ver el mundo. Al entrar a saludarlo vacilé un poco, busque la manera más formal de presentarme; pero el desprovisto de formalismos me dio un amable saludo me brindo un trago y se dio el gusto de revolcar su memoria y acordarse que yo era su mejor alumno o por lo menos el que tenía un grado de conciencia e interés más definido que el resto —esto me alago pero me hizo sentir avergonzado puesto que soy bastante modesto— hablamos muchísimo bebimos su “Brandy bendito”, él en su lucida ebriedad se regocijaba al escucharme hablar de cosas que a lo mejor a mi no me parecían tan brillantes en mi manera de pensar y de expresarme, pero que para él como docente era lo que más le gustaba ver en sus alumnos y no lo encontraba mucho. La pasión.
Terminamos esa noche en el bar de “Charrejo” un lugar que me maravillo por su sencillez y su falta de decoro, que a su vez enaltecía su valor estético para mi gusto. Era un bar de poetas me comentaba Cristian, de intelectuales, poco concurrido; seguimos con el brandy y hablando de la cultura Cartagueña. Me presentaron “La Cantarrana” un diario de poetas que salía quincenalmente y que para mí siempre fue desconocido, no pude evitar mi sorpresa y admiración para con ellos. Charrejo entonces me regalo un libro de poesía, específicamente Haiku que es una forma tradicional de poesía Japonesa, pero que para mi sorpresa escribía Fernando López Rodríguez un profesor de un colegio público, el Nacional Académico y que había sido reconocido a nivel internacional yo seguía ignorante del talento que iba conociendo en mi pueblo. Termino la noche con este bello recuerdo. Leí los poemas al siguiente día en treinta minutos. Había quedado pendiente una cita con el profesor Cárdenas. Pues quería que pasara por su casa a retirar un libro de su biblioteca, el me recibió informalmente en pantaloneta y sandalias, con un trago en la mano me dijo “agarre lo que quiera mijo”. Después de meditar mucho agarre las tragedias de Eurípides el sonrió y me escribió una cita de la cual no recordaba su autor. “Juan Manuel el arte nos evita morir de realidad, este es un detalle de mi profundo cariño” y así partí a mi casa al otro viajaba a Buenos Aires… Pero volviendo al colectivo a más de 1 año del encuentro con el prof, como saliendo de una ensoñación que me había poseído me acababa de percatar que me había pasado 2 paradas.
¡¡Puta!! Refunfuñe, pero me calme al instante y pensé que todo esto fue un lindo recuerdo y decidí estuviera escrito en algún lugar.
Ahora pensándolo bien, me parece que yo también quisiera morir leyendo como dice el profe Cárdenas.
miércoles, 22 de julio de 2009
1-F
Juan vivía en un departamento chico, con un baño chico y también una cocina chica. Era un edificio extraño por fuera, pues resaltaba mucho por sus extravagantes cuadraditos de colores que también eran chicos.
El vivía en el 1-F, la señora de al lado, Berenice era adicta a las series norteamericanas como Lost, Heroes, Six Feet Under. Como Juan también lo era se llevaron bien. Una vez que Juan se quedo fuera porque se le rompió la llave ella lo acogió y hablaron del final de la 5ta temporada de lost, de si Juliet moría o no, en fin de todo lo que los fans de Lost hablan. Berenice no tenía una vida muy interesante por contar, tuvo 2 hijos que ahora trabajan en Brasil y ella vive de su jubilación. Lo único que le llamo la atención a Juan fue la cama, pues estaba pegada en la pared, ósea que Berenice dormía de pie, colgada de unos elásticos con su televisor al frente siempre encendido, dice que duerme así por que lo leyó en una revista y agrega además que ahorra espacio pues vive en un departamento más chico que el de Juan.
A Juan le gusta leer mucho… podría decirse que si estaba en su casa estaba leyendo, no tiene computadora tampoco tiene un televisor ni radio.
Juan no conoce al señor del departamento de arriba… pero no se lo aguanta porque no lo deja leer tranquilo, es bastante extraño… esta todo el día en su departamento, tampoco sale. Es como la señora Berenice, pero la diferencia es que mientras Berenice está viendo la TV, el señor de arriba está corriendo muebles; es lo único que sabe hacer piensa Juan. No hay día en que no se escuche el rasguñeo de las patas de la silla contra el piso conformado por pequeñas lozas de madera muy chicas, el arrastrar de una silla, el caer de las monedas y rodar por el piso, el caminar fuerte. Parece que este señor no tiene nada más que hacer en su vida que correr los muebles de lugar… todos los días prueba una disposición diferente. Es muy extraño… Juan piensa a veces que es un personaje de un cuento de Cortázar, o a veces se imagina que podría ser el mismísimo Gregorio Samsa quien hace todos esos ruidos. Una vez pensó en subir y dejarle una carta por debajo de la puerta pidiéndole el favor de no hacer tanto ruido, pero sucumbió al miedo de ser devorado por Gregorio en un eventual ataque de furia.
Juan se defendía en la cocina, no era un gran cocinero pero hacia cosas ricas para él. Se preparaba muchos cafés al día (era adicto). Siempre desechaba por la rejilla los residuos pequeños que entraran por ese agujerito súper chico al fondo del lavabo. Juan había comprado unas semillas, —quería tener una planta carnívora— las había dejado en la cocina. Sin darse cuenta un día una semilla se escurrió por la rejilla y viajo por la cañería hasta parar en un bloque de residuos que se alzaba como un islote; se había plantado allí… al parecer la humedad y ciertos factores hicieron que esa semillita germinara y empezara a crecer.
Juan noto unos meses después que una pequeña rama se asomaba por su rejilla, le pareció muy extraño, la planta había pasado mucho tiempo escondida y al parecer ya necesitaba la luz solar para seguir desarrollándose, Juan sin saberlo estaba alimentándola con su basura pues esta no era una semilla común, estaba tratada con químicos, las raíces de esta ya se habían extendido casi por toda la red de cañerías del edificio. Al parecer la planta en su crecimiento se había alimentado de todos los residuos del edificio, había exterminado toda clase de insecto o bicho que andará distraído por los desagües —sin ninguna duda había una guerra insecto-plantas—, pero fue solo hasta ese 17 de Julio que la situación se volvió crítica.
De noche se podían escuchar los rugidos que venían del interior del edificio, lo que fuera que estuviera creciendo allí abajo estaba hambriento y deseaba salir. Juan asustado decidió llamar a un exterminador pensando que a lo mejor era una rata atrapada que se ahogaba en el desagüe.
El remedio fue peor que la enfermedad al comenzar la desinfección, miles de bichos que estaban escondidos y hacinados alrededor de todo el edificio salieron por cantidades. Corrían todos en una sola dirección llevados por el pánico, al parecer los químicos habían lastimado a la plantita. Se escucho un gran rugido y el edificio comenzó a temblar, las paredes se agrietaron, el exterminador lleno de terror dejo todo su equipo en la cocina y huyo como si fuera un insecto más. El edificio empezó a temblar más fuerte; Juan salió de su departamento y vio el apocalipsis… Berenice no estaba más, saco casi todo incluyendo su televisor. Por la escalera había objetos y cosas que la gente había dejado caer mientras intentaba sacar lo más valioso de sus casas, las cañerías estaban rompiéndose, el edificio se estaba inundando y se sacudía cada vez más fuerte. La escalera que conducía al palier y la salida se había derrumbado ya… solo había una opción y era correr a la terraza. Las ramas vivas se escabullían por las grietas y atrapaban a los inquilinos que quedaban, los apretaban con fuerza mientras de las mismas se asomaban cabezas con dientes de un color rojizo, les sacaban los ojos y se devoraban su cerebro.

Mientras Juan corría podía ver ancianos y niños agotados y entregados al pánico quienes solo se agarraban de las paredes a esperar ser devorados. Podía ver una luz al final de la escalera, estaba sin aliento tenía una de las cabezas que salían de las ramas mordiéndole un brazo, de un golpe le rompió el cuello pero la cabeza siguió mordiendo con fuerza, con su último aliento logro salir para encontrarse con la cabeza madre que media casi 12 metros y quien había estado atrapada debajo del edificio todo este tiempo, esta lo examino con cautela, Juan preso en su cansancio estaba inmóvil, comprendió que de esta no podría escapar y se entrego para ser devorado de un solo mordisco.
El vivía en el 1-F, la señora de al lado, Berenice era adicta a las series norteamericanas como Lost, Heroes, Six Feet Under. Como Juan también lo era se llevaron bien. Una vez que Juan se quedo fuera porque se le rompió la llave ella lo acogió y hablaron del final de la 5ta temporada de lost, de si Juliet moría o no, en fin de todo lo que los fans de Lost hablan. Berenice no tenía una vida muy interesante por contar, tuvo 2 hijos que ahora trabajan en Brasil y ella vive de su jubilación. Lo único que le llamo la atención a Juan fue la cama, pues estaba pegada en la pared, ósea que Berenice dormía de pie, colgada de unos elásticos con su televisor al frente siempre encendido, dice que duerme así por que lo leyó en una revista y agrega además que ahorra espacio pues vive en un departamento más chico que el de Juan.
A Juan le gusta leer mucho… podría decirse que si estaba en su casa estaba leyendo, no tiene computadora tampoco tiene un televisor ni radio.
Juan no conoce al señor del departamento de arriba… pero no se lo aguanta porque no lo deja leer tranquilo, es bastante extraño… esta todo el día en su departamento, tampoco sale. Es como la señora Berenice, pero la diferencia es que mientras Berenice está viendo la TV, el señor de arriba está corriendo muebles; es lo único que sabe hacer piensa Juan. No hay día en que no se escuche el rasguñeo de las patas de la silla contra el piso conformado por pequeñas lozas de madera muy chicas, el arrastrar de una silla, el caer de las monedas y rodar por el piso, el caminar fuerte. Parece que este señor no tiene nada más que hacer en su vida que correr los muebles de lugar… todos los días prueba una disposición diferente. Es muy extraño… Juan piensa a veces que es un personaje de un cuento de Cortázar, o a veces se imagina que podría ser el mismísimo Gregorio Samsa quien hace todos esos ruidos. Una vez pensó en subir y dejarle una carta por debajo de la puerta pidiéndole el favor de no hacer tanto ruido, pero sucumbió al miedo de ser devorado por Gregorio en un eventual ataque de furia.
Juan se defendía en la cocina, no era un gran cocinero pero hacia cosas ricas para él. Se preparaba muchos cafés al día (era adicto). Siempre desechaba por la rejilla los residuos pequeños que entraran por ese agujerito súper chico al fondo del lavabo. Juan había comprado unas semillas, —quería tener una planta carnívora— las había dejado en la cocina. Sin darse cuenta un día una semilla se escurrió por la rejilla y viajo por la cañería hasta parar en un bloque de residuos que se alzaba como un islote; se había plantado allí… al parecer la humedad y ciertos factores hicieron que esa semillita germinara y empezara a crecer.
Juan noto unos meses después que una pequeña rama se asomaba por su rejilla, le pareció muy extraño, la planta había pasado mucho tiempo escondida y al parecer ya necesitaba la luz solar para seguir desarrollándose, Juan sin saberlo estaba alimentándola con su basura pues esta no era una semilla común, estaba tratada con químicos, las raíces de esta ya se habían extendido casi por toda la red de cañerías del edificio. Al parecer la planta en su crecimiento se había alimentado de todos los residuos del edificio, había exterminado toda clase de insecto o bicho que andará distraído por los desagües —sin ninguna duda había una guerra insecto-plantas—, pero fue solo hasta ese 17 de Julio que la situación se volvió crítica.
De noche se podían escuchar los rugidos que venían del interior del edificio, lo que fuera que estuviera creciendo allí abajo estaba hambriento y deseaba salir. Juan asustado decidió llamar a un exterminador pensando que a lo mejor era una rata atrapada que se ahogaba en el desagüe.
El remedio fue peor que la enfermedad al comenzar la desinfección, miles de bichos que estaban escondidos y hacinados alrededor de todo el edificio salieron por cantidades. Corrían todos en una sola dirección llevados por el pánico, al parecer los químicos habían lastimado a la plantita. Se escucho un gran rugido y el edificio comenzó a temblar, las paredes se agrietaron, el exterminador lleno de terror dejo todo su equipo en la cocina y huyo como si fuera un insecto más. El edificio empezó a temblar más fuerte; Juan salió de su departamento y vio el apocalipsis… Berenice no estaba más, saco casi todo incluyendo su televisor. Por la escalera había objetos y cosas que la gente había dejado caer mientras intentaba sacar lo más valioso de sus casas, las cañerías estaban rompiéndose, el edificio se estaba inundando y se sacudía cada vez más fuerte. La escalera que conducía al palier y la salida se había derrumbado ya… solo había una opción y era correr a la terraza. Las ramas vivas se escabullían por las grietas y atrapaban a los inquilinos que quedaban, los apretaban con fuerza mientras de las mismas se asomaban cabezas con dientes de un color rojizo, les sacaban los ojos y se devoraban su cerebro.

Mientras Juan corría podía ver ancianos y niños agotados y entregados al pánico quienes solo se agarraban de las paredes a esperar ser devorados. Podía ver una luz al final de la escalera, estaba sin aliento tenía una de las cabezas que salían de las ramas mordiéndole un brazo, de un golpe le rompió el cuello pero la cabeza siguió mordiendo con fuerza, con su último aliento logro salir para encontrarse con la cabeza madre que media casi 12 metros y quien había estado atrapada debajo del edificio todo este tiempo, esta lo examino con cautela, Juan preso en su cansancio estaba inmóvil, comprendió que de esta no podría escapar y se entrego para ser devorado de un solo mordisco.