lunes, 27 de julio de 2009

El profe Cárdenas

Las cuadras que devienen desde la avenida Pueyrredón por Bartolomé Mitre y que atraviesan once hicieron que seguir leyendo fuera imposible. Los baches, la imperfecta pavimentación y el vaivén del colectivo me resentían los ojos y sentía el temor que de pronto mi retina se iba derretir y derramar sobre las páginas del libro que llevo en mis manos.

Por cierto, menos mal que saque aquel libro; “Nueve Cuentos” de J.D. Salinger, lo tengo desde que pase por el depto de Marianita Barragán y que no he devuelto por olvido. Gracias a él pude aprovechar el tiempo que una larguísima fila en el cine quería arrebatarme.

Siento un profundo amor hacia la lectura, y cada vez noto que crece dentro de mis necesidades. Me siento como el hijo “nerd” de C.R.A.Z.Y. que no puede parar de leer; leo los ingredientes de lo que como, la información nutricional, todo aviso que vea en el subte, revistas, horóscopos viejos, diarios pasados, no puedo evitarlo, siento que si no leyera estaría arrebatándome la oportunidad de aprender algo… así sea pura mierda.

Bueno, pero volviendo al 151 que me llevaba de vuelta a casa después de ver Harry Potter 6 —y darme cuenta que el “Half-blood prince” era nada más y nada menos que “Canon Severus Snape” ( Nunca me lo espere)— y en vista de que el continuo vaivén no cesaba y me impedía seguir leyendo, empecé entonces a pensar en esto que escribo ahora… en un momento el recuerdo del entonces maestro y ahora amigo Cristian Cárdenas se apodero de mi. Esas eternas clases de literatura que recibíamos a los 14 años en el Liceo Campestre, y que de un momento a otro transformaron el repudio que le tenía a esa cátedra por una intensa curiosidad que saciaba cuando él con escasos 26 años bonachonamente entraba al aula y con su particular “pedagogía” me iluminaba el cerebro y no tanto el de algunos de mis otros compañeros quienes prendían su atención en otras actividades no tan académicas. Sus frases celebres como “Bruta la cartera”, “Yo quiero morir leyendo”, “me tome un molotov y la mande a la mierda” y “tengo libros hasta en el baño” me arrebataban en ese entonces una carcajada, ahora en cambio siento una gran admiración; yo ahora entiendo que cuando mis compañeros de clase me decían —Burralá (osea yo) pregúntele pues, pregúntele bobadas— yo saciaba mi curiosidad preguntándole sobre historia del arte, filosofía, política y otra gran cantidad de cátedras y quedaba embelesado al ver que contestaba a la perfección y se extendía lo que fuera necesario. Mientras tanto mis amigos aprovechaban el tiempo perdido de clase y jugaban a las cartas, dormían en el suelo o se escabullían de la clase para jugar futbol. Le saque un provecho enorme a sus clases, lamentablemente el colegio era una perdición, él recibió una mejor oferta y no vacilo en tomarla.

Pero el destino nos volvería a encontrar cuando a una semana de partir hacia Buenos Aires, en una tangueria llamada “El Cuartito Azul”, mis padres se encontraron con él y llamándome al celular me comentaron que el estaría gustoso de hablar conmigo. Así pues después de 5 años volví a verlo, esta vez yo era otra persona por así decirlo, había tenido un par de experiencias en Bogotá que cambiaron mi forma de pensar y de ver el mundo. Al entrar a saludarlo vacilé un poco, busque la manera más formal de presentarme; pero el desprovisto de formalismos me dio un amable saludo me brindo un trago y se dio el gusto de revolcar su memoria y acordarse que yo era su mejor alumno o por lo menos el que tenía un grado de conciencia e interés más definido que el resto —esto me alago pero me hizo sentir avergonzado puesto que soy bastante modesto— hablamos muchísimo bebimos su “Brandy bendito”, él en su lucida ebriedad se regocijaba al escucharme hablar de cosas que a lo mejor a mi no me parecían tan brillantes en mi manera de pensar y de expresarme, pero que para él como docente era lo que más le gustaba ver en sus alumnos y no lo encontraba mucho. La pasión.

Terminamos esa noche en el bar de “Charrejo” un lugar que me maravillo por su sencillez y su falta de decoro, que a su vez enaltecía su valor estético para mi gusto. Era un bar de poetas me comentaba Cristian, de intelectuales, poco concurrido; seguimos con el brandy y hablando de la cultura Cartagueña. Me presentaron “La Cantarrana” un diario de poetas que salía quincenalmente y que para mí siempre fue desconocido, no pude evitar mi sorpresa y admiración para con ellos. Charrejo entonces me regalo un libro de poesía, específicamente Haiku que es una forma tradicional de poesía Japonesa, pero que para mi sorpresa escribía Fernando López Rodríguez un profesor de un colegio público, el Nacional Académico y que había sido reconocido a nivel internacional yo seguía ignorante del talento que iba conociendo en mi pueblo. Termino la noche con este bello recuerdo. Leí los poemas al siguiente día en treinta minutos. Había quedado pendiente una cita con el profesor Cárdenas. Pues quería que pasara por su casa a retirar un libro de su biblioteca, el me recibió informalmente en pantaloneta y sandalias, con un trago en la mano me dijo “agarre lo que quiera mijo”. Después de meditar mucho agarre las tragedias de Eurípides el sonrió y me escribió una cita de la cual no recordaba su autor. “Juan Manuel el arte nos evita morir de realidad, este es un detalle de mi profundo cariño” y así partí a mi casa al otro viajaba a Buenos Aires… Pero volviendo al colectivo a más de 1 año del encuentro con el prof, como saliendo de una ensoñación que me había poseído me acababa de percatar que me había pasado 2 paradas.

¡¡Puta!! Refunfuñe, pero me calme al instante y pensé que todo esto fue un lindo recuerdo y decidí estuviera escrito en algún lugar.

Ahora pensándolo bien, me parece que yo también quisiera morir leyendo como dice el profe Cárdenas.

miércoles, 22 de julio de 2009

1-F

Juan vivía en un departamento chico, con un baño chico y también una cocina chica. Era un edificio extraño por fuera, pues resaltaba mucho por sus extravagantes cuadraditos de colores que también eran chicos.

El vivía en el 1-F, la señora de al lado, Berenice era adicta a las series norteamericanas como Lost, Heroes, Six Feet Under. Como Juan también lo era se llevaron bien. Una vez que Juan se quedo fuera porque se le rompió la llave ella lo acogió y hablaron del final de la 5ta temporada de lost, de si Juliet moría o no, en fin de todo lo que los fans de Lost hablan. Berenice no tenía una vida muy interesante por contar, tuvo 2 hijos que ahora trabajan en Brasil y ella vive de su jubilación. Lo único que le llamo la atención a Juan fue la cama, pues estaba pegada en la pared, ósea que Berenice dormía de pie, colgada de unos elásticos con su televisor al frente siempre encendido, dice que duerme así por que lo leyó en una revista y agrega además que ahorra espacio pues vive en un departamento más chico que el de Juan.

A Juan le gusta leer mucho… podría decirse que si estaba en su casa estaba leyendo, no tiene computadora tampoco tiene un televisor ni radio.
Juan no conoce al señor del departamento de arriba… pero no se lo aguanta porque no lo deja leer tranquilo, es bastante extraño… esta todo el día en su departamento, tampoco sale. Es como la señora Berenice, pero la diferencia es que mientras Berenice está viendo la TV, el señor de arriba está corriendo muebles; es lo único que sabe hacer piensa Juan. No hay día en que no se escuche el rasguñeo de las patas de la silla contra el piso conformado por pequeñas lozas de madera muy chicas, el arrastrar de una silla, el caer de las monedas y rodar por el piso, el caminar fuerte. Parece que este señor no tiene nada más que hacer en su vida que correr los muebles de lugar… todos los días prueba una disposición diferente. Es muy extraño… Juan piensa a veces que es un personaje de un cuento de Cortázar, o a veces se imagina que podría ser el mismísimo Gregorio Samsa quien hace todos esos ruidos. Una vez pensó en subir y dejarle una carta por debajo de la puerta pidiéndole el favor de no hacer tanto ruido, pero sucumbió al miedo de ser devorado por Gregorio en un eventual ataque de furia.

Juan se defendía en la cocina, no era un gran cocinero pero hacia cosas ricas para él. Se preparaba muchos cafés al día (era adicto). Siempre desechaba por la rejilla los residuos pequeños que entraran por ese agujerito súper chico al fondo del lavabo. Juan había comprado unas semillas, —quería tener una planta carnívora— las había dejado en la cocina. Sin darse cuenta un día una semilla se escurrió por la rejilla y viajo por la cañería hasta parar en un bloque de residuos que se alzaba como un islote; se había plantado allí… al parecer la humedad y ciertos factores hicieron que esa semillita germinara y empezara a crecer.

Juan noto unos meses después que una pequeña rama se asomaba por su rejilla, le pareció muy extraño, la planta había pasado mucho tiempo escondida y al parecer ya necesitaba la luz solar para seguir desarrollándose, Juan sin saberlo estaba alimentándola con su basura pues esta no era una semilla común, estaba tratada con químicos, las raíces de esta ya se habían extendido casi por toda la red de cañerías del edificio. Al parecer la planta en su crecimiento se había alimentado de todos los residuos del edificio, había exterminado toda clase de insecto o bicho que andará distraído por los desagües —sin ninguna duda había una guerra insecto-plantas—, pero fue solo hasta ese 17 de Julio que la situación se volvió crítica.

De noche se podían escuchar los rugidos que venían del interior del edificio, lo que fuera que estuviera creciendo allí abajo estaba hambriento y deseaba salir. Juan asustado decidió llamar a un exterminador pensando que a lo mejor era una rata atrapada que se ahogaba en el desagüe.

El remedio fue peor que la enfermedad al comenzar la desinfección, miles de bichos que estaban escondidos y hacinados alrededor de todo el edificio salieron por cantidades. Corrían todos en una sola dirección llevados por el pánico, al parecer los químicos habían lastimado a la plantita. Se escucho un gran rugido y el edificio comenzó a temblar, las paredes se agrietaron, el exterminador lleno de terror dejo todo su equipo en la cocina y huyo como si fuera un insecto más. El edificio empezó a temblar más fuerte; Juan salió de su departamento y vio el apocalipsis… Berenice no estaba más, saco casi todo incluyendo su televisor. Por la escalera había objetos y cosas que la gente había dejado caer mientras intentaba sacar lo más valioso de sus casas, las cañerías estaban rompiéndose, el edificio se estaba inundando y se sacudía cada vez más fuerte. La escalera que conducía al palier y la salida se había derrumbado ya… solo había una opción y era correr a la terraza. Las ramas vivas se escabullían por las grietas y atrapaban a los inquilinos que quedaban, los apretaban con fuerza mientras de las mismas se asomaban cabezas con dientes de un color rojizo, les sacaban los ojos y se devoraban su cerebro.



Mientras Juan corría podía ver ancianos y niños agotados y entregados al pánico quienes solo se agarraban de las paredes a esperar ser devorados. Podía ver una luz al final de la escalera, estaba sin aliento tenía una de las cabezas que salían de las ramas mordiéndole un brazo, de un golpe le rompió el cuello pero la cabeza siguió mordiendo con fuerza, con su último aliento logro salir para encontrarse con la cabeza madre que media casi 12 metros y quien había estado atrapada debajo del edificio todo este tiempo, esta lo examino con cautela, Juan preso en su cansancio estaba inmóvil, comprendió que de esta no podría escapar y se entrego para ser devorado de un solo mordisco.

martes, 14 de julio de 2009

LUCHA!

Hoy me levante con tinte militante, mientras viajaba en ese 168, me pasaban por mi cabeza un montón de posibilidades debido a un inoportuno regreso. Se me ocurría reunirme de nuevo con esa cofradía en el bar de Charrejo. Allá en ese rincón de poetas y maestros, tomarme un brandysito con el Profesor Cárdenas, y indefectiblemente empezar a trabajar en PRO de la cultura Cartagüeña. Buscar la posibilidad de un espacio para la creación teatral, un subsidio por parte de la municipalidad, o la oportunidad de sumarme a una empresa teatral que ya esté en funcionamiento, todo esto con pleno fin social, tratar de llevar todo lo aprendido e implementar un cambio social, como en el Teatro Comunitario. Formar grupos en los barrios y localidades, a manera de integración social.

También se me ocurría no solo implementar eso en Cartago, sino también en Bogotá, convocar a mis compañeros de batallas y ponernos a trabajar en común para compartir con todos lo aprendido y así cambiar la vida de muchísimas personas que al no existir una salida, cometen errores y lo único que el estado hace es condenarlos y no mueve un dedo en investigar el porqué de tanta violencia. Violencia ejercida desde el estado.

Mi cabeza salto también a una posible incursión en la política, a favor de los ciudadanos, del obrero, del necesitado. Un congresista honesto, con criterio, la idea sería no clasificarme en una bandera política, más bien buscar aliados y llamar al consenso entre todos y así dejar tanto enfrentamiento por bandera política, si el país lo componemos todos, como vamos a gobernar si estamos divididos?, no tiene sentido, ese sería mi fin en un posible campo político.

Pero los frenazos del bus me sacan de la nube, y me traen de vuelta a esta dimensión, se que todas esas ideas no se me van a borrar, por eso las escribo, pero mientras tanto prefiero entrenarme, si entrenarme para la guerra, mi bandera seria el amor, mis armas el arte y el dialogo. Cuando pienso en mi futuro veo lucha, hay que estar preparado

domingo, 12 de julio de 2009

abandonado blog

Hummm... si no me diera tanta paja, transcribir mis ultimos escritos, tendria mas actualizado este reblujo en internet. pero el estar en un ciber me quema la cabeza.

Por ultimo quiero agregar que el formalismo del cumpleaños es una mamarrachada ahora que existe facebook. uno se hace el sorprendido al recibir las felicitaciones, pero en realidad no se acuerdan!, ven un puto letrero que aparece ahi y tienen la delicadeza de escribir siempre los mismos mensajitos cursis.

Yo me cambiaria la fecha de cumpleaños, me cambiaria el nombre, me cambiaria muchas cosas que tengo y nisiquiera se por que, me las dieron, me fueron heredadas, e instaladas cuando era niño, mientras crecia.

en fin... a veces me aburro y escribo cosas que al parecer no tienen mucha trascendencia, y voy saltando de un tema a otro.

pd: tengo faltas ortograficas y de redaccion. NO MOLESTE