
Trabajo a mil, ensaye, valla y venga, propongo y proponen, vengo y voy, en un momento repentino me agarra este delirio de felicidad y solo quiero escribir de manera desordenada y sin sentido, mis poros respiran el teatro, la música, la pintura. Mis sentidos se encuentran parasitados con tanto arte y quiero vomitar ideas sin sentido.
Voy y vengo con un cohete espacial, con un cacho de marihuana metafísico, mi cerebro conoce los planetas y recorre el universo.
Vengo y voy escuchando tamarindo seco… recuerdo el sabor de mi tierra, los genios de la música, mis amigos de teatro de mi taller adorado, maestro Alejandro con su organeta cósmica y su conocimiento milenario, al viejo “ponchi” le envió un sol que ilumine sus sueños y los de sus alumnos… le agradezco haber utilizado el cuchillo –con el que Jodorwsky describe a pachita la bruja mexicana– para abrir mi cabeza y mi alma y llenarlos de conocimiento y amor! Gracias.
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