Es un parqueadero grande al lado del mar, los leviathanes se tragan los carros a su capricho, el letrero advierte que hay que parquear bajo su responsabilidad, prefiero caminar alejado del muelle ya que por esta época los krakens se alimentan de transeúntes despistados.
Entro al salón donde me reciben compañeros y conocidos, es un velorio distinto donde el muerto se encarga de hacer reír a la gente, se la pasa haciendo aeróbicos sin importar que se le descosa el tórax y se le salga el relleno. En el segundo piso la fiesta es amenizada por el piano de Alejandro. La escalera enjabonada es el mayor atractivo; los borrachos se caen por ella fracturándose el cráneo y golpeándose fuertemente, pero siguen bailando sin importar que se desparrame toda su materia gris por el salón.
Lastimosamente mucho ruido en el exterior me perturbo y no pude dormir mas. No fue tan fantástico esta vez pero pues hay sueños de sueños.
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