Extraído de "Ejercicios de Dramaturgia" febrero 2012
Mitos del Barrio
Locación de bacanales, tertulias, conspiraciones y grandes ideas. Se ingresaba por un Kiosko de diarios que atendía un tal “Don Luis” al que solo unos hábiles ojos podían detectarle su gran pelada bajo el Bisoñé. Tenías que mencionar una contraseña que generalmente era un escritor Latino, un elemento de la tabla periódica o un cosmético de mujer. Si aprobabas la contraseña él se hacía a un lado y entrabas a caminar por un castillo construido por interminables capas de letras e imágenes amontonadas las unas con las otras, un bacanal literario, una orgia gramatical frente a tus ojos. Al final del pequeño recorrido descendés por una larga y destartalada escalera caracol corriendo el riesgo de vomitar letras mientras bajas y una vez terminas te encuentras un lavabo para sacarte el oxido que se te queda pegado en las manos.
Músicos tocando, una bruma de tabaco que te estruja los bronquios y te impide cantar, estanterías de licor que empiezan en el suelo y terminan en el techo, vida nocturna. En un esquina los músicos, por otro lado la barra que en una de las paredes tiene un gran reloj que da unas campanadas cada 8 minutos, señal que los habitúes identifican para agarrar sus vasos de las mesas puesto que el lugar se dispone a bailar al ritmo del subterráneo.
Las largas y robustas mesas de madera, se dice que fueron construidas por un carpintero del barrio con los pedazos desmantelados de un antiguo galeón. Don Luis conto en alguna oportunidad que cuando el lugar estaba tranquilo —cosa que no sucedía muy a menudo— se podía escuchar el rugir del mar apoyando nuestros oídos en ellas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario