Por fin estaban solo los 2, eran ellos y el gran lago que los rodeaba. Sentados sobre una piedra naranja habían hablado y recordado toda su niñez, todo lo que en un tiempo vivieron juntos.
Ella se levanto y le dijo.
-Te tengo un obsequio— y fijo su mirada en los ojos de el—
El respondió
-Ah si, ¿Que es?
-Soy yo—contesto ella—
Y empezó sacándose su camisita azul de tiritas, ella era de piel blanca pura, se le asomaban por toda su piel lunares y pecas que parecían chips de chocolate incrustados. Pelo lacio que le llegaba casi a su cintura, ojos de un negro ópalo y voz de ángel. Sus pechos eran perfectos y sus pezones de un rosa inigualable.
El de cabello negro desordenado, ojos miel, también yacía desnudo se lanzaron al lago cristalino y se amaron por horas bajo el sol resplandeciente.
Silvia encontró su cama vacía.
Juan no apareció jamás…
2 comentarios:
Me gustó!
Pobre Silvia igual.
Es como medio triste y medio alegre!
Y la vida es un vaivén tremendo
Gracias por el comment ;)
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